USO Y ABUSO DE MEDICAMENTOS

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USO Y ABUSO DE MEDICAMENTOS
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(h3) Punto grueso

(del libro de Roberto Junquera “El estrés, otras alteraciones y tu dolor de espalda”)

"A la industria farmacéutica le interesa crear fármacos que hagan dependiente al paciente. Es el único modo que tienen de obtener beneficios. No les interesa curar un mal, va contra sus intereses. Pero este es un problema que la sociedad no quiere afrontar"

— Sir Richard J. Roberts, biólogo molecular y Nobel de Medicina, 1993.

Seguramente esta afirmación está sacada de contexto y no valora que muchos medicamentos han salvado y salvan vidas a diario y han conseguido que algunas enfermedades mortales se conviertan en crónicas. Sin embargo, en procesos funcionales y sobre todo en el campo del dolor músculo-esquelético, han provocado que problemas “curables” se conviertan en enfermedades crónicas, debido en gran parte a la visión sesgada, cuadriculada y rígida, contraria a cualquier espíritu científico, por parte de algunos médicos mediatizados por la industria farmacéutica, y que sólo se explica por una ausencia de humildad que es incompatible con la obligación de seguir aprendiendo.

Lo que sí parece indudable es que a ningún grupo farmacéutico le interesa que alguien cure su lumbalgia de forma definitiva con un cambio dietético (sí, con un cambio dietético) o con ejercicio físico, y es que desde luego es mucho más rentable que la población alivie sus dolores con antiinflamatorios, relajantes, analgésicos. Cuanto más tiempo mejor. Estos fármacos quizás provoquen efectos secundarios que requieran más medicamentos; y así todos contentos, el paciente alivia rápido sus dolores con muy poco esfuerzo y los grupos farmacéuticos aumentan sus beneficios.

Economía y simplicidad, 2 factores que nos destruyen poco a poco

Añadido a este factor economicista en el que más medicamentos representa más ganancia por parte de las grandes compañías farmacéuticas, la medicina convencional tiene otro problema, y es que confía muy poco en la capacidad de esfuerzo del paciente. Se habla mucho de prevención, pero siempre relegando al paciente a una posición pasiva, proponiendo tratamientos que requieran poco esfuerzo, unos comprimidos tal vez, como parte fundamental de muchos tratamientos.

Si tiene el colesterol alto: “tómate esta pastilla e intenta comer menos de tal o cual alimento”. Los consejos dietéticos se quedan en dietas estereotipadas o vagos consejos, de manera que el paciente se va de la consulta con la sensación de que con poco esfuerzo (la pastilla) logra mucho, y que con mucho esfuerzo (corrección alimentaria) logra poco.

El paciente se hace sujeto pasivo del tratamiento, porque nadie le convence de que en sus manos tiene la posibilidad de mejorar su salud de una forma duradera, y sin los efectos secundarios de muchos medicamentos (que en muchas ocasiones se toman de por vida... ¡Qué negocio!).

Alguien debería informar al paciente de que además hay otras posibilidades terapéuticas, no paliativas sino curativas, más eficaces, a veces más lentas y siempre más completas y duraderas; sólo tiene que coger las riendas de su salud y convertirse en el autor y protagonista de su curación.

La mejor solución no viene en pastillas

Por lo tanto, tenemos la difícil tarea de convencer al paciente de su implicación en el tratamiento, renunciando en parte a algunos placeres culinarios que hagan daño, haciendo algo de ejercicio, siendo consciente de sus emociones y, en definitiva, resaltando valores que hoy en día son tan escasos como la disciplina, el esfuerzo, la perseverancia y la paciencia. Sin embargo, cuando el paciente sienta que la mejoría de sus síntomas se ha conseguido gracias a este esfuerzo, aumentará de forma irreversible su autoestima y la sensación de que buena parte de su salud está en sus manos y no en las ajenas.

Procesos naturales que no se deben cortar con pastillas 

Tengo que recordar al lector una realidad que compruebo a diario en relación al consumo de muchos medicamentos:

Como he descrito en artículos anteriores, muchas contracturas, bloqueos articulares e inflamaciones sin causa aparente, son la expresión de disfunciones viscerales e intentar resolverlos con antiinflamatorios, incluso aunque éstos consigan el efecto deseado, es un autoengaño y si se hace de forma asidua, será un perjuicio a la salud, tanto por los efectos secundarios propios del medicamento como por el hecho de esconder un problema (recuerda: dolor reprimido, dolor diferido).

El organismo aprovecha ciertos procesos banales y autolimitados, como resfriados, gripes, gastroenteritis, etc... para conseguir disminuir el apetito (nos obliga a un pequeño ayuno) y favorece así el mecanismo de autodepuración. Además, si cursan con fiebre estas auto-depuraciones son mucho más intensas (ver crisis curativa) y efectivas (cuanto más molesta, más efectiva). Pero nos empeñamos en evitar estos procesos molestos, duros pero necesarios. Nos han engañado para que consumamos (cuanto más mejor) medicamentos que acortan estos procesos, para volver a rendir en el trabajo lo antes posible, independientemente de lo que nos trasmite nuestro cuerpo. Nos han enseñado que no se ha de sufrir lo más mínimo y esto es mentira, el sufrimiento forma parte de la vida, sobre todo cuando este es un camino transitorio para la mejoría de la salud; ¿acaso no le pedimos a un toxicómano que aguante penurias “muy duras” para que más tarde esté mejor? Otra cosa es el sufrimiento gratuito e innecesario tras una operación, tras un accidente o una enfermedad degenerativa...

Cuando el remedio es peor que la enfermedad... 

A veces es bueno explicar las cosas que queremos transmitir a través de ejemplos. Aquí te dejo 2 ejemplos:

Caso clínico #1

Luis, desde que cumplió los 40 años, ha padecido crisis de artritis y tendinitis, por microcristales, en diferentes zonas de su cuerpo y de forma periódica. Hubiera sido sencillo controlar y prevenir estas crisis con una dieta apropiada y plantas medicinales (muy eficaces en estos casos), pero eligió un recurso más fácil de resultado inmediato. Un amigo médico le recetaba una inyección de cortisona y el problema desaparecía rápidamente y sin esfuerzo. Después de 20 años con crisis cada vez más frecuentes, hoy en día tiene serios problemas para andar.

Cuando tapas un problema, este puede de forma “más silenciosa” progresar. En el caso de nuestro paciente ha ido acumulando micro cristales en gran parte de las inserciones de sus tendones (visualizándose en las radiografías tendones absolutamente calcificados); la cortisona tapa el problema, pero además colabora en descalcificar el hueso y calcificar tejidos blandos, a la vez que provoca daños en el riñón.

Parece que cuando un médico receta por ejemplo un antihipertensivo, está diciendo: “Tú, paciente, no hagas ningún esfuerzo dietético ni ejercicio; no intentes reducir tu estrés, que esta pastilla es para que no te haga falta nada de eso”.

Caso clínico #2

Carlos, con 42 años, descubrió hace 1 año que tiene hipertensión (165/100) y el médico le pautó antihipertensivos que sólo han conseguido bajarle la tensión hasta 140/95 y además, como efecto secundario, padece una impotencia sexual, para lo que le han pautado otra medicación. Acude a mi consulta con un dolor de tres semanas de evolución en la zona dorso-lumbar. Mi exploración e interrogatorio me hacen pensar en un reflejo renal típico en esa zona. Para este dolor toma tres antiinflamatorios diarios con un protector gástrico. También comenta que toma desde hace tres años medicación para el ácido úrico.

Tras veinte días de tratamiento dietético riguroso, (por supuesto eliminando los cuatro cafés diarios que tomaba), tratamiento de fitoterapia y un poco de ejercicio, la tensión le ha disminuido a 120/70 por lo que él mismo muy gustosamente se ha retirado la medicación para la hipertensión y la impotencia sexual.

Por supuesto yo le había aconsejado retirar los antiinflamatorios, a pesar de lo cual me confesó que el dolor dorso-lumbar cedió en apenas 5 días. En las siguientes analíticas tenía el ácido úrico mejor que nunca, por lo que dejó también la medicación correspondiente.

Un claro ejemplo de cómo con sentido común y un poco de esfuerzo, se pueden abordar muchas disfunciones evitando medicamentos que sólo son medianamente eficaces y que tienen efectos secundarios, algunos de ellos indicados de por vida en una persona joven.

Conclusión de este artículo

Termino este capítulo insistiendo en que los medicamentos han salvado y salvarán muchas vidas, pero esto no debería justificar el uso abusivo y desproporcionado que hace la población, alentada por la semigratuidad de los fármacos y por el poder de la publicidad de la industria farmacéutica en connivencia con muchos médicos.

VER LINK: www.fisioterapia-global.com/26

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