La salud en movimiento.

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La salud en movimiento.
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(h2) Fisiobullet
(h3) Punto grueso

Sois en continuo, imparable aumento, los problemas dolorosos músculo-articulares que afligen a las personas pertenecientes a la llamada sociedad civilizada (los que viven en las sociedades más desfavorecidas tienen otras prioridades, por desgracia). Todos los días en mi consulta, alguien me pregunta la razón de su dolor. Si me quedo en lo general, la respuesta viene bien recibida. “Fuimos diseñados para funcionar a cuatro patas”. Hemos empleado unos tres millones de años para levantarnos sobre las dos patas, encontrando de las soluciones eficaces para movernos, caminar, correr, saltar.

En los últimos 50 años, nos hemos sentado y a este cambio tan radical en la forma de utilizar nuestro cuerpo, aun no hemos encontrado una buena adaptación. Esto más o menos, es lo que digo. Pero no me deja nunca de sorprender cuando luego me preguntan: “Pero ¿Por qué siempre me duele el cuello?” y quien me lo pregunta es la secretaria que pasa ocho horas adelante a un ordenador, con la cabeza girada, porque la pantalla se encuentra a un lado de la mesa. “Y mi dolor de espalda?” Pregunta el marido, agente comercial que se pasa de diez a 12 horas diarias en el coche. ¡Aquí el diagnostico va mas allá de una análisis biomecánica! La mayoría de nosotros vivimos en la más total falta de conciencia de tener un cuerpo, utilizamos esta maravillosa máquina creada para el movimiento, para estar sentados en un coche, adelante a un ordenador y la televisión. Creamos y establecemos un sistema de tensiones musculares sobredimensionado para defendernos de la ansiedad de un ambiente siempre más agresivo, por no mandar a paseo nuestro jefe, por no pegar aquel que nos pisa el pie en el autobús.

¿Tratamiento de un dolor solo con un cambio de hábito?

Cada sociedad, cada cultura desarrolla sistemas de curación, en gran parte dedicados a curar las patologías que ella misma crea. Si tengo que ser honesto tengo que decir que entre mis pacientes, apartando situaciones serias, cronicidad estructural, que requieren de un trabajo prolongado sobre la postura, veo personas que con un mínimo de “auto cuidado”,  de cura o de sí mismo no tendrían nunca falta de una intervención terapéutica.

Lo cierto que en mi profesión no he tardado mucho, en darme cuenta que no es posible (tampoco sería justo), tener la pretensión de cambiar la vida de las personas. Pero, una vez que con mi trabajo, he dado a la persona un alivio a su sufrimiento cuando le he mostrado la posibilidad de un cambio, el problema es mantener este cambio, en parte modificando, en parte “anti- dotando” aquellos que son factores demasiado patológicos en el estilo de vida.

Hacer ejercicio nunca es algo sencillo

“¿Ahora que estoy bien, tengo que ir al gimnasio?” me preguntan a este punto, y el discurso se complica, porque:

  • Es difícil hacer prescripciones sobre el tiempo libre de las personas.
  • Las posibilidades que ofrece el mercado son dañinas la mayoría de las veces para quien ya tiene un equilibrio precario.
  • Aún así la indicación tiene que tener en cuenta del placer de la persona a desarrollar una determinada actividad, que es la única motivación válida para continuarla e el tiempo.

¿Que significa “manutención” cuando hablamos de la columna y del propio cuerpo en general?

Mantenimiento simplemente significa contrarrestar nuestro estilo de vida sedentario, “engrasando” nuestras articulaciones, disolviendo las tensiones acumuladas, con un poco de movimiento, teniendo cuidado de no sobrecargar las zonas de riesgo.

Las estrategias de manutención son numerosas y varían según a quien me encuentro en frente. Hablamos de lo que se encuentra más comúnmente en los alrededores:

  1. La natación. Es lo que viene aconsejado a quien sufre de la  espalda y en lo imaginario de los pacientes es cuasi como si hubiese asumido una cualidad terapéutica. En realidad la natación no cura nada, es solo una actividad que no carga mucho la columna vertebral, por eso quien tiene problemas puede practicarla sin correr demasiados riesgos.
  2. El gimnasio Hecho de forma estándar, sin tener en cuenta las individualidades mecánicas, como ocurre a menudo resulta dañino, haciendo precipitar situaciones donde los equilibrios ya eran precarios. Gracias a los gimnasios veo un 30 % más de pacientes que de otro modo, no irían nunca a un osteópata (digo exagerando un poco). “Pero yo me divierto yendo al gimnasio” o “Está cerca de mi casa y es la única posibilidad de hacer algo de movimiento” y finalmente: “pero no es bueno hacer un poco de movimiento?” me contestan. Cuando tengo en mi consulta esta conversación les respondo que hay actividades en el gimnasio que pueden lesionar increíblemente, por lo que lo más recomendable es hacer actividades que no representen tantos riesgos, o que sean realizadas con una persona especialista en el área. 

Comparamos el movimiento a la lectura – contesto aun – tenemos la revista “CUORE”. El gimnasio equivaldría al “Cuore: tener los bíceps un centímetros más grandes, los abdominales mas tonificados no mejora de un micrón la inteligencia de nuestro cuerpo, es decir la coordinación, la armonía del gesto, la capacidad de aprender,  repetir secuencias complejas... Pero ¿es mejor leer la revista “CUORE” o no leer en absoluto? A esto no se contestar, pero por lo menos uno no debería salir lastimado…

En cuanto a los diversos deportes, depende de la motivación de la persona que tengo en frente de mí. Si es un campeón del mundo de remo, bien puede arriesgarse a agravar su hernia para conquistar su título olímpico que le falta, e intento darle una mano. Si es un deportista de domingos, hay que encontrar un compromiso, sin llegar a la paradoja de algunos médicos que prohiben el partidillo de tenis, único desahogo de un pobre que entre coche y oficina está sentado diez horas al día y después el tenis es la causa de sus problemas. Estamos en lo irreal!!

¿Qué alternativas existen?

En nuestra cultura, que prima la cuantidad a la cualidad es difícil, también en el tema del movimiento: encontrar actividades que se centran precisamente en la calidad del gesto, como la danza, ciertas artes marciales, aquellas gimnasias que se definen “dulces”.

Pero una vez más, todo lo que puedo hacer es dar mi opinión, brindar asesoramiento con respecto a la persona que tengo de frente de mi y de su placer – en este mundo de obligaciones – a hacer algo.

 Osteopata por la Michigan State University en el College of Osteopathic Medicine, inscrita en la (AACOM)

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